Las ampollas en el Camino de Santiago son todo un clásico con el que lidian continuamente los peregrinos y también nuestros podólogos en Arzúa. Aparecen casi siempre por una mezcla de roce, humedad y demasiados kilómetros sobre un pie que ya viene fatigado. El problema para un peregrino es evidente: convierten la belleza de las etapas en una auténtica tortura. ¿Y qué se puede hacer frente a ellas? Esa cuestión la resolvemos ahora mismo en este nuevo artículo de Clínica Kercus.
La prevención de las ampollas empieza en el calzado
El calzado debe estar probado antes de hacer etapas largas. Una bota nueva o una zapatilla que roza en el talón acaba dando problemas cuando los kilómetros van pasando.
Y ojo que también importan los calcetines. Y es que los tejidos que gestionan bien la humedad reducen el roce y mantienen la piel en mejores condiciones. Si el pie suda mucho, cambiar de calcetines durante la etapa ayuda más que aguantar hasta el final con el pie empapado.
Detecte el roce antes de que salga la ampolla
Las ampollas lanzan sus propios avisos. Primero aparece calor, escozor o una zona roja. Pues precisamente ese es el momento de parar, secar el pie y proteger la zona.
Seguir caminando con la esperanza de que se pase solo es un error. Desde nuestra consulta de podología para peregrinos en Arzúa le aseguramos que eso no va a pasar. Lo que debe hacer es colocar un apósito adecuado o una protección sobre el punto de roce o ajustar el calcetín a tiempo.
Si ya ha salido la ampolla, protéjala bien
Una ampolla cerrada conviene protegerla y reducir la fricción. Reventarla por impulso aumenta el riesgo de infección y deja la piel más expuesta.
En el caso de ampollas abiertas, lave la zona con cuidado, cúbrala con un apósito limpio y vigile el aspecto de la piel. En caso de dolor creciente, pus, enrojecimiento intenso o calor alrededor, pida cita con un podólogo. Si está cerca de nuestra consulta podológica en Arzúa, le estaremos esperando.
¿Cuándo acudir al podólogo durante el Camino?
Si la ampolla duele mucho, está en una zona de apoyo o le impide caminar con normalidad, un podólogo se puede ocupar de curarla con más seguridad.
En Clínica Kercus atendemos a peregrinos en Arzúa con ampollas, rozaduras y otras lesiones del Camino. También valoramos si hay sobrecargas asociadas, ya que muchas veces el pie cambia la pisada para evitar dolor y acaba cargando otra zona.
Cuidamos los pies de los peregrinos en nuestra consulta de podología de Arzúa
El Camino se disfruta mejor cuando los pies responden. Si llega a Arzúa con dolor, ampollas o dudas sobre cómo seguir, pida cita con nosotros. En Clínica Kercus revisaremos las ampollas que le haya causado el Camino y le indicaremos los cuidados para continuar con más seguridad.